LOS UFOLOGOS INFLUENCERS
- 10 jul
- 2 min de lectura

A pesar de que hay mejores cámaras, la mayoría de las pruebas siguen siendo luces nocturnas borrosas, videos pixelados o testimonios difíciles de verificar.
El patrón básico que se estableció con Kenneth Arnold incluía un avistamiento visual de rápida aceleración, forma inusual y posterior escepticismo oficial. Ese patrón sigue siendo casi idéntico en los reportes modernos, que son más de lo mismo. La ufología actual es muy diferente a la de los años 50, ya que las redes sociales han sido un potenciador de crecimiento ante el dogma de lo supuesto hacia un convencimiento ciego… un efecto que se ha repetido durante la historia del ser humano en distintos aspectos.
Un tema llamativo es ver cómo la sociedad ha aceptado a los supuestos generadores de verdad a divulgadores que fabrican contenido falso mediante inteligencia artificial. Muchas personas deciden creerles por una combinación de sesgos psicológicos, el diseño de algoritmos digitales y una crisis de confianza institucional. En realidad, muchas personas quieren que los extraterrestres existan. Cuando un divulgador muestra una imagen impactante generada por IA, el cerebro del creyente recibe una recompensa inmediata. Esto sucede porque la figura parece confirmar su sistema de creencias.
Hay algo bien cierto, el cerebro humano odia la incertidumbre bajo todo escenario. Es psicológicamente más cómodo aceptar una mentira espectacular y cerrada con frases como «la IA muestra el ovni real que siempre los gobiernos nos han ocultado» en vez que aceptar la aburrida realidad científica.
Hasta hace poco, crear un ovni falso requería habilidades avanzadas de edición digital. Hoy, cualquier creador de contenido promedio puede generar imágenes fotorrealistas con herramientas de IA en segundos. Pero la gente en general no acepta o «no quiere» detectar anomalías físicas sutiles en videos virales. Históricamente, «ver para creer» era una regla segura; hoy, la IA ha roto por completo ese pacto con el mundo real.
Cuando hablamos de redes sociales como TikTok, YouTube e Instagram, la realidad es que no premian la verdad, premian el engagement (likes, compartidos, comentarios). Un video falso de un ovni gigante destruyendo nubes se vuelve viral en minutos, mientras que un análisis científico que lo desmiente apenas consigue visualizaciones.
Los divulgadores notaron que inventar historias y usar IA da millones de visitas. Eso se convierte en dinero por anuncios o venta de productos. Ellos no se presentan en calidad de «creadores de ficción». En cambio, usan términos técnicos mal usados, como física cuántica, magnetismo o telemetría. También sacan de contexto lo que dicen pilotos o autoridades reales. Así dan una falsa seriedad a sus imágenes hechas por computadora.
En fin de cuentas, la ufología actual está en manos de negociadores y captadores de seguidores en vez de investigadores en búsqueda de la verdadera realidad del fenómeno ovni.
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