LA CREENCIA CIEGA EN LOS OVNIS
- 20 jul
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La creencia firme en la existencia de objetos voladores no identificados (OVNIs/UAP) como seres extraterrestres, también en orbes luminosos o entidades interdimensionales es un fenómeno complejo que no puede explicarse por una sola palabra. Desde la psicología, la sociología y las ciencias cognitivas, las investigaciones muestran que estas creencias suelen surgir de la interacción entre procesos normales del cerebro, factores culturales y dinámicas sociales. Es importante distinguir entre dos afirmaciones diferentes: que exista vida fuera de la Tierra (una posibilidad científica abierta) y que existan pruebas sólidas de visitas extraterrestres o de seres interdimensionales (algo para lo que actualmente no existe evidencia científica concluyente).
El cerebro humano evolucionó para encontrar relaciones entre acontecimientos, incluso cuando esas relaciones no existen. Este fenómeno, denominado apofenia, consiste en percibir conexiones significativas en datos aleatorios. Un destello en el cielo, un reflejo en una cámara o una serie de luces pueden interpretarse como una nave porque el cerebro intenta construir una explicación coherente.
Relacionado con ello también está la pareidolia, la tendencia a reconocer formas familiares —especialmente rostros y figuras humanas— en estímulos ambiguos. También existe el sesgo de confirmación, ya que las personas tienden a buscar, recordar e interpretar la información de manera que confirme sus creencias previas. Compartir una narrativa sobre visitantes extraterrestres o entidades interdimensionales crea comunidades con identidad propia. Los miembros encuentran reconocimiento, apoyo y pertenencia entre ellos mismos.
Las redes sociales han amplificado enormemente este fenómeno. Los algoritmos favorecen contenidos llamativos, sorprendentes o emocionalmente intensos. Un video titulado «Objeto interdimensional captado en cámara», «Qué onda los ovnis en La Cordillera de los Andes» o «Avistamiento OVNI en Santiago de Chile esta madrugada» suelen recibir más atención que otro titulado «Reflejo óptico explicado» o «Maquinaria trabajando en Farellones» (es que no sabes y te bloquearé).
La investigación en ciencias cognitivas indican que los seres humanos prefieren cometer errores de «falso positivo» o «caso abierto» antes que ignorar una respuesta más lógica. Desde un punto de vista evolutivo, es más seguro interpretar una luz con una nave en vez de un satélite o fenómeno atmosférico. Este mecanismo favorece atribuir agencia a estímulos ambiguos. Paradójicamente, los vídeos borrosos y de baja calidad suelen favorecer las interpretaciones extraordinarias (como el caso de las luces de la Patagonia y las luces del fin de semana pasado). Cuando una imagen posee pocos detalles, el cerebro rellena la información faltante utilizando expectativas previas. Cuanto más ambiguo es el estímulo, mayor es el margen para interpretaciones subjetivas.
En el ámbito de los divulgadores e investigadores de RRSS chilenos, cuando han invertido años de su vida, dinero, prestigio o relaciones sociales en una creencia, aceptar que están equivocadas resulta psicológicamente costoso, por ende, hay que defender esta postura. En lugar de abandonar la creencia, es frecuente que reinterpreté la nueva información para conservar la coherencia interna para no perder amistades, reconocimiento o sentido de pertenencia.
Además, muchas creencias extraordinarias poseen una estructura que dificulta su refutación. Cualquier ausencia de evidencia puede reinterpretarse como una prueba adicional de que existe una conspiración para ocultar la verdad. Este tipo de razonamiento hace que la hipótesis sea difícil de poner a prueba de manera científica. En redes sociales existen numerosos influencers, canales de YouTube y cuentas de TikTok que publican videos de «orbes», «portales», «seres dimensionales» o «naves» sin realizar verificaciones básicas, como por ejemplo el mexicano Juanito Juan y su patrocinador Jaime Maussan.
Las frases «fui militar», «yo los he visto», «se comunican conmigo», «ustedes no están preparado o no vibran en la misma frecuencia», «ellos siempre han estado aquí» o que «cualquier crítica pasa a formar parte de la conspiración» son clásicos en los debates o comentarios en aquellas publicaciones, un ejemplo es lo que sucede en Chile con los pseudo investigadores que aplican esta «vieja confiable» para inventar, acaparar público, likes, visualizaciones y tenerlos como base para futuras exposiciones.
Dentro del mundo de la ufología actual no hay que descartar que también existen personas honestamente convencidas, investigadores que actúan de buena fe, pero se equivocan, divulgadores que exageran para ganar audiencia y, en algunos casos, personas que fabrican o manipulan evidencia de forma deliberada. La firme creencia en extraterrestres visitantes, orbes o entidades interdimensionales no suele deberse a falta de inteligencia, responde a mecanismos cognitivos normales presentes en todas las personas.
En definitiva, la combinación de sesgos cognitivos, algoritmos que premian el contenido sensacionalista, incentivos económicos y comunidades muy comprometidas puede hacer que algunas personas o creadores de contenido obtengan beneficios promoviendo afirmaciones que no están respaldadas por pruebas sólidas y lo peor, los seguidores que lo avalan a pies juntos.
La mejor herramienta para evaluar esas afirmaciones sigue siendo el pensamiento crítico:
«Preguntarse cuál es la evidencia, si puede verificarse de manera independiente, si existen explicaciones alternativas y si quienes hacen la afirmación están dispuestos a cambiar de opinión cuando aparecen nuevos datos.»

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